Paso a contarles, esto lo escribió una amiga, y hace tiempo pedí su permiso de poder
publicarlo en mi blog, pero como siempre, necesito la computadora y casi nunca la puedo usar, pero hoy pude, y tuve la suerte de recordarlo.
Lo quiero compartir ya que es algo muy bonito, me hizo recordar a mi primer amor, y lloré. Es una historia muy linda, paranoica y sencilla, bueno, también es triste, pero vale la pena leer. Espero que les guste tanto como a mí, y le agradezco a Mara que me haya hecho este bonito relato. Gracias. Así empieza.
Mara: Esta historia se la dedico a una persona que en poco tiempo me enseñó dos cosas muy importantes en la vida, que no se necesita la presencia para el amar, si existe la distancia no es motivo para que no exista amor o amistad, y que para que los demás puedan apreciar lo que hago, y quien soy, primero debo apreciarlo y apreciarme yo.
Con mucho cariño te dedico el siguiente relato, ¡Te quiero mucho, Valentina!.
Primer capitulo: Me dedico.
“Entre las sombras y dolor siempre hay un espacio
para el placer cautivo, Imagíname”
Mi nombre es Nata y vengo hoy tranquilamente sentada en esta playa a recordar y finalizar por fin una historia de mi vida. Lo que hoy voy a contar en las hojas de este cuaderno no es una bella anécdota ni tampoco una historia muy bonita, Esto es más bien el relato que yo quiero recordar solo una vez más antes de partir. Quizás a algunos les parezca una historia absurda y hasta estúpida pero la verdad que es un triste recuerdo que guardo en mi mente, un anhelo de algo que no volverá.
Tenía 17 años cuando todo esto comenzó, me levante una tarde aturdida, la cabeza me daba vueltas y el cuerpo me dolía de una manera indescriptible. Al abrir los ojos y ver que no era mi casa me asuste un poco hasta que vi a mi madre a mi lado y eso mi alivio.
-¿Dónde estoy?- le dije a mi madre la cual parecía bastante preocupada,
ella sonrió y sólo dijo: – Lo importante es que ahora estás bien y nada más, sólo tuviste un pequeño accidente nada serio en verdad -Mi madre era típica persona que todo problema lo volvía más y más pequeño así que no me sorprendería si me decía que tenían que amputarme una pierna o algo por el estilo, hasta que por fin llego el doctor y dijo:
–Hola señorita ¿cómo se encuentra?, espero que haya amanecido bien –
A todo esto yo no era de esas personas positivas que veían todo lo bueno era más una histérica que de una cucaracha hacia un dinosaurio, todo lo contrario a mi mamá así que simplemente deje que el doctor continuara con su charla,
-Bien señorita le voy a explicar, usted tuvo un pequeño accidente simplemente cayó por las escaleras debido a un desmayo o algo parecido, quizás pueda sentir que no recuerda todo perfecto pero es normal, simplemente los recuerdos volverán pronto con ayuda de los mejores psicólogos de este hospital- dijo queriendo demostrar alguna especie de buena onda que a mí me parecía asquerosa.
En fin me hicieron un par de estudios y luego me llevaron a casa a descansar. Para mí todo parecía normal no me abombaba ninguna duda de algún recuerdo dudoso ni nada, para mí había solo un deslice de un día común así que preferí no darle demasiada importancia y me fui a descansar.
Cuando me estaba por ir a dormir había una cosa, una maldita sola cosa que no me dejaba dormir, en su mayoría las veces que me había desmayado era por situaciones de mucho estrés, para esto contare una pequeña parte de mi vida.
Nací hija de Marcela, mi mamá, quien había sido abandonada por un hombre sin corazón, que la había dejado sola, había sido criada por mis tíos también, porque en muchos momentos de la vida de mi madre, ella había intentado suicidarse, decía que no podía darme la vida que ella tanto quería y que no podía aceptar que la persona que mas había amado en el mundo la dejara sola. Momentos angustiados fueron aquellos cuando yo solo tenia 6 años de edad y no sabia que hacer con una mamá que se estaba muriendo por un hombre que no la merecía. Pero a su vez no había nada que yo pudiera hacer para lograr que ella estuviera bien, así es como pase a vivir mucho tiempo con mis tíos y con ayuda de mucha terapia mi mamá pudo remontar su vida normal. En todo ese tiempo yo extrañaba demasiado a mi mamá y con mis tíos no la pasaba muy bien, cuando mi tía se peleaba con mi tío luego se la agarraba conmigo, mi tío siempre trataba de protegerme pero luchar contra una persona alcohólica como mi tía era demasiado difícil. A parte de ser tiempos difíciles en mi casa lo eran también en la escuela, niños de mi misma edad me trataban como una loca porque no podía acercarme a ellos, sufría mucho y vivía llorando. Pero por suerte a la edad de 10 años después de tanto dolor encontré algo que me podía hacer olvidar todo el dolor y la locura.
Segundo capitulo: El arte de tus bellos ojos negros.
En mis solitarios tiempos de dolor solo había una cosa que me había anestesiado el alma, el arte, como no era muy buena en los deportes empecé a buscar algo que me hiciera bien y me sacara de la realidad, así es como en todos mis cumpleaños pedía lo mismo, temperas, pinceles, acuarelas y todo lo que me ayudara a pintarme otra realidad y ser feliz. No había nada más bonito que abrir mis cajones y empezar a dibujar, horas y horas me la pasaba dibujando, pintando creando, era perfecto escape, todo estaba bien.
De a poco fui tomando la costumbre de dedicarle mucho más tiempo al arte, así que siempre iba a la plaza cerca de mi casa y empezaba a dibujar todo lo que veía, todo lo que entendía y lo que no, desde la señora que siempre venia a darle de comer a las palomas, hasta el cielo azul que al atardecer se ponía rojizo. Así fue como una tarde la vi, era una tarde nublada de invierno frío y yo, como siempre, me la pasaba dibujando toda cosa que veía, una chica apareció la cual no había visto nunca pasando por ese lugar, llevaba un hermoso vestido azul su pelo era corto y negro al igual que sus hermosos ojos, nunca en mi vida había visto tan hermosa dama en el universo entero, quería hablarle, me moría por hacerlo, pero a la ves no sabría que decirle, ni que hacer.
Pasaron los días y yo seguía mirándola, entonces empecé a dibujarla a lo lejos, a dibujar sus pasos, su andar y le sumaba un poco de imaginación, pues nunca me le había acercado, pero si había algo que alguna ves me había ayudado era la imaginación, hasta que un día algo muy loco sucedió, veía de lejos que ella se acercaba, se acercaba hacia mí, yo no podía creerlo, y en ese momento se sentó a mi lado y me dijo:
- Hola, hace tiempo que te veo acá y me dio mucha curiosidad saber que es lo que tanto dibujas- me dijo con una sonrisa.
- Emm, nada sinceramente, nada en especial, sólo cosas- le dije muy nerviosa y antes de que emitiera otra palabra me saco el cuaderno y comenzó a ver.
Ella se impresiono mucho por los dibujos, como si del mismos Picasso se tratara, hasta llegar a la parte de sus dibujos, se hizo un vacío silencioso en el que mis nervios no podía controlar.
Pero ella simplemente me miro, cerro los ojos y me dio un beso, no fue sólo un beso, fue el beso más hermoso que pude haber sentido alguna vez, fue como si nada tuviera sentido, pero que eso tampoco me importara, como si ella hubiera penetrado mi alma y la soledad de mi vida jamás hubiera existido.
Tercer capitulo: Placebo.
Ese gris y triste invierno, ya no era tan gris, ya no era tan triste. En los próximas días mi mente sólo pensaba en ir a la plaza a verla ella, era mi inspiración, mi arte, mi alma gemela. Cantábamos, Dibujábamos y reíamos día a día, el mundo no era una preocupación para nosotras porque éramos felices así, sin sentido, sin un fin, ella era ahora mi anestesia pura, la única que curaba mis males, que escuchaba mi sufrir y lo hacía ver hermoso, que volvía perfecto lo imperfecto y en mis noches alumbraba con su luz todo mi eterno dolor.
Una noche, aquella que recuerdo con mucho anhelo, decidimos ir juntas a caminar, ella dijo que quería llevarme a un lugar especial y así fue como llegamos a una pequeña casa abandonada, no muy lejos de mi hogar. Ella se trepo a las rejas, pego un salto y allí estaba del otro lado de la reja en aquella casa azul.
-¡Ven, amor!- me grito con su dulce voz, tan preciosa como ninguna y aunque mucho miedo tenia y vértigo me sobraba, ella me daba la fuerza para lograr cualquier cosa, así que mis pantalones doblé para no engancharme, la reja trepe y al otro lado llegué.
-Tengo algo que mostrarte, algo muy importante- me dijo con dulzura, tomo mi mano y me llevo a la parte de atrás de la casa donde una escalera tuvimos que subir, hasta un ventana rota que daba a la vista mas hermosa de a ciudad.
-¡Si que es alto este lugar! – le dije con mucho temor
-Sí, acá siempre venía con mi hermana a escondernos cuando éramos pequeñas, mi mamá siempre venía muy mal a casa, ella jamás me aceptaba como era, siempre decía que andar con una persona de tu mismo sexo era inmoral y asqueroso, y me pegaba hasta que tratara de entenderlo, y mi hermana al tratar de defenderme, sólo me secuestraba cuando era hora de dormir y me traía a este lugar a contar estrellas, ella decía que el mundo era mucho mas hermoso de lo que yo pensaba y que aunque todo sea malo había que soportarlo porque luego todo se pondría bien, ella era lo único que tenía…- me dijo con lagrimas en los ojos.
-¿Y dónde está ahora? – le pregunté mientras tomaba su mano.
-Allá en el cielo, junto a las estrellas- me dijo mientras una lagrima corría por su mejilla.
-Pero algún día, algún día estaremos juntas, yo iré a verla y estaremos juntas para siempre- agrego mientras rompía en llanto.
En ese preciso momento no sabia que hacer, nunca supe ayudar a nadie, a mí nadie me había ayudado y toda cosa que ella me digiera, ella ya lo sabía, pues ella era quien a mí me ayudaba.
-Pero yo no quiero que te vallas, yo no quiero que te alejes de mí, eres lo único que tengo – le dije a penas pudiendo respirar.
Y ahí fue cuando escuche las palabras mas dolorosas y hermosas del mundo,
-Natalie yo no voy a poder estar para siempre, esto no será eterno y bien tú lo sabes-
-¿Y qué haré cuando nos estés mi bien? ¿Cómo podré seguir sin vos?- le dije casi gritando enferma de no querer perder lo único que había tenido en la vida.
-Imagíname- me dijo y sin que pudiera emitir palabra, me besó.
Sinceramente no sabia que decir, ni cómo reaccionar, podría haberle dicho algo, podría haberle rogado que no se vaya, pero todo se torno loco cuando comenzó a desnudarme. Si pudiera describir lo que viví esa noche, nunca había deseado que un momento jamás termine como ese momento en el que su boca besaba cada parte de mi cuerpo, sus manos se deslizaban sobre mi piel mientras me acariciaba lentamente y me hacía el amor.
Quién diría que esa seria la ultima vez que la tendría junto a mí.
Cuarto capitulo: Confesiones de invierno.
Al día siguiente, me levanté como todas las mañana a desayunar rápido ansiosa de volver a ver a mi hermosa Anabelle, me prepare y al llegar la tarde fui directo a la plaza a verla, esperé y desesperé, pero ella no llegaba y eso me puso muy inquieta, llegaron las 8 de la noche y sola me había dejado y no tuve mas remedio que volver a mi hogar.
En toda la noche no pude dormir preocupada por dónde estaba ella, ¿y si algo le había sucedido?, ¿y si ya no la volvía a ver?, pero todo comenzó a empeorar. Pasaban los días, las noches y cada ves me quedaba hasta más y más tarde, esperando a mi querida Anabelle, pero ella jamás llegó. Furiosa y deprimida descargaba mi odio en el psicólogo gritando y pateando como si ya nada quedara, como si sintiera que ella se había ido.
Cuando de repente algo sucedió, lo que fue para mí la noticia más dolorosa que pude haber recibido.
-Ven, necesito mostrarte algo Natalie- me dijo el psicólogo como si fuera que algo muy malo había ocurrido.
Me llevo a otro salón y saco de un escritorio una caja que decía N&A, el miedo que sentí en ese momento no se podía comprar y fue un peor cuando me contó lo sucedido.
-Mira Natalie, te voy a ser sincero, veo que no avanzas en el proceso, quizás esto te ayude a recordar- me dijo preocupado, y al abrir la caja sentí escalofríos de todo lo que vi. Fotos, cartas, todas de Anabelle y mías. Sinceramente no supe como reaccionar, ¿me estaban investigando?, ¿acaso es una broma cruel? Y lo más loco era que las fotos eran momentos pasados con Anabelle pero no podía recordar haberlas tomado.
-¿La recuerdas?- me dijo el psicólogo como si la conociera más que yo.
-Por supuesto, es mi novia Anabelle- le dije, y después de un incómodo silencio me hizo sentarme y me dijo:
- Pensé que podrías recordar, mira Natalie, no sé cómo decirte esto, pero Anabelle sabes que no la estaba pasando bien en su vida y ella falleció hace dos meses–
Fueron minutos de quedarme muda sin poder decir nada, me levanté y le dije:
-Usted está mintiendo, yo lo sé, yo la vi hace una semana, ella estaba bien ella, estaba conmigo, ella jamás podría dejarme-, y así fue como tome mis cosas y entre a correr y correr lejos hasta llegar a la casa embrujada de la noche tan anhelada, me tire al piso llore y patee, no podía ser verdad, yo no estaba loca, yo la había visto yo la había besado.
Pasó el tiempo, no volví a mi casa en dos semana aturdida por el dolor de mi alma, acaso, ¿era verdad lo que me había dicho? Acaso, ¿yo había enloquecido?.
Después de muchos días pensando, fui al hospital, quería reiterar el hecho, así que pregunté por el nombre de Anabelle Cielo, pero su respuesta no fue agradable, realmente había fallecido, se había suicidado.
Demás esta decir que el dolor fue eterno no podía dormir, ni pensar como podía aceptar una realidad que tanto me dolía, una realidad en la que yo no creía, o que quizás no quería creer, hasta que un día… Recordé.
Cuarto capítulo: realidad dentro de tu nube de aerosol.
Todos los recuerdos, todas las cosas que había pasado desde que me recuperé, yo ya las había vivido, ¿había estado soñando todo este tiempo?, por fin recuerdo, por fin recuerdo lo que pasó, antes de caer, antes de desmayarme yo discutía con ella, me decía que era hora de irse, sabía que todo terminaría, así que si lo hizo as,í que se fue lejos ahora recuerdo todo pero… Si ella murió hace dos meses, lo sé, todo ese tiempo estuve en coma, pero entonces ¿por qué no la recordaba? ¿Por qué había vuelto a conocerla? Y lo más importante ¿Por qué podía yo verla?.
Esas preguntas estuvieron en mi cabeza por meses, no podía entenderlo, no quería hablar, ni salir de mi hogar, no creía en fantasmas, pero en este momento dudaba de todo, así que, sin más vueltas decidí ir a ver a mi psicólogo y contarle toda mi realidad.
-¿Yo la vi Doctor, yo la vi como me puede explicar esto?- le dije entrando desesperada a su consultorio.
-¿Natalie, qué pasa? Por favor toma asiento- me dijo preocupado por mi forma de actuar.
Y después de explicarle la situación y llorar y llorar, me concentre y le dije:
-¿Estoy loca Doctor?- Se saco sus lentes me miro y me dijo la razón que marco absolutamente toda mi vida:
-Hay veces que el cariño que uno tiene por una persona esta mucho mas allá de lo que nosotros pensamos, nuestra mente será rápida pero no le gana a nuestro corazón, lo que a vos te pasó no es porque estás loca, simplemente fue el anhelo de tener a alguien que vos ya tenías pero que no recordabas, y ese cariño que vos le tenías Anabelle hizo que toda tu mente modificara la realidad y con ayuda de los recuerdos lograra un placebo, una anestesia para tu alma y esto querida, esto es porque acá se demuestra que no se necesita tener a una persona para sentirla cerca, ningún amor estará para siempre y son esas cosas las que perduraran el cariño es lo que hará que nunca te olvides de ella, hoy empieza una nueva vida ya viviste junto a ella ahora te toca vivir sin ella, lo lamento.-
Esa fue la ultima vez que vi al doctor y después de darle un fuerte abrazo decidí partir a mi hogar para empezar una nueva vida.
Después de todo mi vida dejo de ser tan mala, me recibí en la facultad de arte, fui una profesora que muchos respetaron, conseguí una linda casa en la que soy feliz con mi plantas, mi arte y demás, pero podría jurar que mi amor por ella perdurara para siempre.
Quinto capitulo: a centímetros de tus alientos.
Y así es como hoy, a la edad de 96 años vengo a contarme a mi misma esta historia a recordarlos buenos momentos a comprender la locura de mi alma, si bien nunca logré ser tan feliz como lo había sido con ella, tuve una buena vida, logré mis sueños y puedo decir que hoy me voy en paz.
A pesar de todo lo que viví tu voz no se me fue nunca de la memoria, tu sonrisa sigue presente día a día en mi vida y tus ojos siempre alumbraran mi camino seguro, siempre vivíamos soñando juntas y pensé que jamás podría lograrlo, pero logré, logré imaginarte, viví en mi realidad y sinceramente sólo puedo decirte que te ame presente como lejana y que ahora ya es tiempo, mi amor, ya es hora, ya te siento, ya te alcanzo, me voy, me alejo para verte a ti y conocer a tu hermana, me voy junto a las estrellas y la galaxia, me voy para ya no volver y por fin no tener que imaginarte más, ahora viviré mi realidad.
Te Amo Anabelle, buenas noches, ya te alcanzo, espérame, y mientras tanto que ya llego… Imagíname.
Fin.