viernes, 12 de septiembre de 2014

Madrugadas delirantes.~

Vivo en un departamento no muy grande ni tan lejos del centro de la ciudad donde las luces nocturnas embriagan las calles transitadas por algunos jóvenes con tiempo libre. Y a ella la vi entrar al cuarto de al lado como de costumbre en estos últimos dos años, mientras yo iba al mío.
Nos dividía una simple pared y jamás hemos cruzado ni una palabra en persona, pero sin que ella lo supiera durante todo este tiempo nos estuvimos escribiendo por cartas. ¿Cómo? Simple, era nueva en el edificio y se mudó al cuarto que está pegado al mío, los muros son tan delicados que hasta el sonido tenue de su cama rechinante se escurría sin problema a mi habitación. Eso era más porque las camas estaban contra dicha pared. En el segundo mes de su estadía, una noche decidí dejarle una carta anónima bajo su puerta diciéndole que tenemos el mismo gusto musical pero que a ciertas horas de la madrugada necesitaba dormir ó estudiar y se escuchaba a cinco habitaciones de distancia, que por favor solamente quería que baje un poco el volumen como para que a tres habitaciones de la suya no se oiga nada. Y de antemano se lo agradecí.
Al día siguiente el reloj digital de mi celular marcaban las doce menos cuarto de la noche. Recién llegaba de la casa de mi madre a quien había ido a visitar. Pasé por su puerta y noté una extraña anomalía que sobresalía debajo de ella, era un objeto inanimado blanco el cual llamó mi atención, al acercarme vi que era un trozo de papel e indagué más a fondo y tenía escrito "Para: Anónima musical". Me dio tanto miedo tomarlo que mi cuerpo aumentó su temperatura con el sencillo hecho de mirar que el papel estaba dirigido a mí, de tomarlo y que ella saliera a decirme que no le pida tales cosas. Pero sentía más emoción e intriga que debía de llevármelo y leerlo. Así que primero abrí la puerta de mi departamento y dejé la llave puesta del lado de adentro. Sigilosamente volví a su puerta, agarré rápido la pequeña carta y salí disparada velozmente hacia mi cuarto cerrando en silencio la puerta con llave al entrar.
Fui a mi dormitorio, luego de cambiarme me acosté en la cama para leer la nota. Para mi sorpresa su respuesta fue muy agradable y seria, que me dejó encantada. Su personalidad llamó mi atención, se había disculpado y aceptó mi petición mientras hacía comentarios graciosos respecto a mi anonimato y los gustos musicales. Quince minutos después que yo había comenzado a leer su carta escuché que se había acostado en su cama levemente ruidosa, escuchando las mismas canciones de antes, pero con el volumen más bajo que se oía placentero. Y decidí responderle de nuevo.
Así fue como empezó, con el trato de que ninguna nunca espíe cuando la otra le ponía la nota en la puerta, de escribirnos diario, aunque había veces que alguna no lo hacía, pero en la carta siguiente dejaba la explicación.

Llegamos a tal punto de conocernos hasta los secretos más profundos y aún así, amarnos. Sí, amarnos, nos habíamos enamorado, o al menos yo de ella, pero nunca se lo dije ni hablamos el tema ya que se sentía como algo platónico y sub-real. Esa fue la razón por lo que jamás me animé durante todo este tiempo a pararme frente a su puerta y decirle quién era... aunque ella me lo pedía hace año y medio, supo respetar mi decisión.
Y así hasta el día de hoy... que decidí pedirle que ponga aquellas canciones que me hicieron escribirle las dos primeras veces y disfrutar de ellas juntas cada una en su cama. Y por la madrugada lo hizo, sentí paz, me sentía bien, y fui feliz.
Pero al pasar las horas, del otro lado de la habitación parecía todo lo contrario, la escuché llorar, poco pero aún así estaba triste e inquieta y no pude gozar más de la música.
Su voz salió libre de sus cuerdas vocales, hablaba consigo misma ó tal vez ella sabía que del otro lado alguien la escuchaba, sin saber que era su anónima. Y la oí perfectamente cuando comenzó:

- No sé, creo que enloquecí... Es muy tarde o tal vez muy temprano, porque va a ser de día y... Yo estoy loca.-rió levemente y terminó en un suspiro-. Es increíble.
Es todo, todo lo que quiero en mi vida, todo lo que me gusta, lo que me gustaría tener o que me gustaría ser... con ella. Es todo. Todo lo que me hace feliz, lo que me hace poner triste. Lo que me hace bien, que me hace mal, y extrañar. Quien me hace sonreír y a veces llorar.
Es una mujer muy loca. De las que conocí en mi vida, ella está realmente loca.-Ríe-. Y es genial, porque no estoy muy cuerda que digamos, y conectamos bastante bien.
Me encanta todo de ella; Su manera tan difícil de expresarse, lo linda que es cuando le da pena algo, que es muy rara vez. Cuando es siempre pervertida, y me dice cosas en doble sentido que no entiendo ó tardo en entender. Cuando me hace sentir cosquillas, a veces más fuerte que la primera vez, y su manera de cuidarme, de retarme... De decirme que soy suya. Maneras en las que me hace suya, sin siquiera tocarme. No sé...-rió más suave-. Estoy llorando, qué maricona... la necesito tanto...-y quedó en silencio.

Mi corazón comenzaba a quebrantarse, me sentía culpable de causar tanto dolor por capricho, estaba a una puerta de abrazarla, pero no me sentía segura de mí para hacerlo, siempre que le decía algo sobre mis verdaderos sentimientos terminaba des haciéndolo al hacerlo parecer una broma, así que solamente contuve mis lágrimas y la seguí oyendo decir:

- Ni sé por qué lloro... supongo que esto pasa.-se trababa por sus lágrimas y el nudo en la garganta.- cuando amas una persona y no la ves, no la tocas, no podes sentir su aire, sus aromas, ni sentir sus cosquillas en mi panza. Es muy difícil, pero, ella siempre dice que lo difícil es lo que realmente vale, y ella realmente vale, vale mucho, vale toda mi vida... Se volvió mi vida.
No sé cómo explicarlo es muy raro.

Y la habitación hubiera quedado sumergida en silencio desde entonces si no fuera por la música que sonaba delicada en la habitación.
No podía pensar en dejarla llorar toda la noche y hablé:

-¿Estás bien? Lo siento, no pude evitar oírte... que no sé siquiera si hablas conmigo ó tú sola.-Tuve que esperar a ver si respondía y nada, así que volvía a hablar:- Lo siento, no quise entrometerme.

- No importa, y sí estoy  bien, solamente estoy enloqueciendo por una persona, siento haberte despertado con mi llanto.-Respondió y al oír el chillido de su cama deduje que se levantó de ella, apagando su música que inundó el lugar en silencio.

Me levanté de la cama y agarrando la primer ropa que encontré me vestí lo más rápido que pude. Salí de mi departamento tan ansiosa como nerviosa, pero decidida a terminar con su tortura, debía dejar de ser egoísta, de dejar mis miedos en la basura para hacernos realmente felices. Así fue cuando de pronto me encontraba con mi mano hecha un puño y temblorosa que golpeó tres veces consecutivas su puerta. Unos segundos después ella la abrió, limpiando aún las lágrimas de sus tristes y tiernos ojos, y simplemente se quedó ahí, viéndome seria que me muté y que a duras penas sólo pude decirle:

- Siento la espera, gracias por la música.

La expresión en su rostro se modificó totalmente, parecía que iba a volver a llorar y que estaba un poco molesta conmigo, lo cual tenía todo su derecho. Pero por suerte cuando liberó sus lágrimas por completo me abrazó fuerte pegándome mucho contra su templado cuerpo y sus manos apretaban tanto que hasta mi piel era sujetada con firmeza. Era como sentir su dolor, que me lo pasaba en ese primer contacto físico y que tal vez así se aliviaría... y al parecer, así fue.
Al despegarnos tomó mi mano cruzando nuestros dedos entre sí y me llevó adentro mientras cerraba la puerta con seguro. Hizo que pasara a su dormitorio para acostarme en su cama contra la pared, aún no me decía nada con su voz, pero sus ojos tenían mil demonios que iban a asesinarme con ternura.
Volvió a poner la música, más suave, y se acostó a mi lado viéndome de frente a los ojos, y sonrió de tal manera que las alegres curvas de sus labios viajaron por el aire hasta los míos para contagiar la felicidad que sentía. Un ejercito de hormigas patrullaban en mi estómago sin piedad, y tomando mi mano con delicadeza se aproximó a mi rostro, haciendo que mi termostato corporal estallara de vesania y como dos pequeños cachorros acarició su linda y tibia nariz con la mía mientras yo me fundía en sus dilatadas pupilas, y cerrando sus ojos se acercó a mis labios diciéndome:

- Si no fuera porque verdaderamente te amo, te odiaría por haberme hecho esperar tanto.

Casi que pude decir que lo sentía, viéndola sonreír. Pero me interrumpió, no le interesaba mis escusas, razones, ni nada semejante. Discretamente me besó, y apretó fuerte sus labios entrelazándolos con los míos, tras unos minutos después quedarse placenteramente dormida a mi lado. Sin ninguna pared de por medio, y dormí feliz.








Lo que hablaba sola aquella chica, era lo que conversé alguna vez conmigo misma...
Fue una de esas noches en las cuales la necesito, y la tengo lejos.
Pero por suerte, sé esperar, y eso me tranquiliza aunque nunca mata mi ansiedad.~

martes, 2 de septiembre de 2014

Hagamos el amor.~

Para mí el amor, hacer el amor, es una y mil cosas.

No es cuando con ella nos desvestimos, unimos nuestros cuerpos, nos hacemos sudar y agitarnos durante cuatro ó seis horas. Hacernos el amor no implica besarme y tocarme apasionadamente, no es abrazarla y morderla pícaramente. No es un fuerte contacto físico donde participa mucho la fricción corporal.
Simplemente no es sólo eso hacer el amor para mí.
Puede ser cuando me da los buenos días, tardes y noches. Cuando me dice "Dulces sueños, descansa" y al despertar me pregunta cómo he dormido, cómo estoy, me brinda un beso y más.
Porque el amor no me lo hace al provocarme, seducirme ó insinuarle situaciones pervertidas, ya sea tarde o temprano. No es dejarnos sin aliento y sin ropa, ahogando el silencio de las habitaciones con gemidos. Tampoco es sólo disfrutar de nuestro sabor sexual através del éxtasis emocional, donde los deseos se bañan en nuestras bocas y manos. Ni es la refrescante ducha que compartimos juntas. Menos la lujuria de vernos desnudas, con la tentasión de poseer y naufragar en tan dichosas curvas.
Tal vez me hace el amor cada vez que me regaña por algo tierno, cuando está enferma y prefiere evitar besarme para no contagiarme, que siempre me diga que tenga cuidado al salir. La manera en la que se pone celosa y se va enfadada para no tratarme feo por su malhumor. Me lo puede hacer cada vez que me da su mirada, su atención. Cada que me recuerda que me ama y se enamora aún de mí, como yo de ella. Que con su linda voz me habla tan dulce provocando que sienta revoluciones eléctricas y mariposas alborotadas.
No es cuando esperamos una noche especial para entregarnos nuevamente al placer puro. Que a pesar del año y medio casi juntas, nos seguimos atreviendo a experimentar cosas nuevas.
Podría ser la manera en que le gusta que me siente sobre ella y la mime mientras hace sus tareas de la facultad, ó cada almuerzo, merienda y cena compartidos. Dormir abrazadas cuando una se siente mal, y protegernos. Las peleas que terminan en llantos, abrazos, besos y "lo siento".
Cuando nos damos cuenta que la conexión para entendernos y complementarnos es perfecta. Que a pesar de ser tan distintas, a la vez somos iguales. Tal vez somos la una para la otra, como tal vez no, pero buscamos seguir porque no hay nada que se compare a tan increíble relación... Y muchísimas cosas más puede ó no ser hacer el amor.

Porque para mí realmente hacer el amor con ella es;
saber que puedo caminar y sostener su mano.
Que con ver sus ojos me doy cuenta que soy feliz.~

01/09/14

lunes, 10 de marzo de 2014

Mi sexualidad, y el camino que vivimos.~

Mirá, para mí no existe tal closet, a menos que tú te dejes poner las cuatro paredes del mismo por los demás...
Es larga mi historia pero ahí va algo resumida.

Cuando tenía once aňos descubrí que por primera vez me gustaba alguien, pero ese alguien era una compañera de 4to grado en primaria y obviamente lo oculté por miedo, porque era raro y nuevo ya que ni sabía bien qué era la homosexualidad a esa edad, antes ni se veía como ahora. Así que lo guardé.
A los 13 hablando con mi madre me lo preguntó y lo negué, vamos, ni había dado mi primer beso, no sabía...
A los 14 por primera vez lo admití a mi grupo de amigos y compañeros cercanos de la secundaria, porque me preguntaban por qué siempre rechazaba a los chicos, pero mi familia y sociedad no lo sabían. Hubo sucesos muy fuertes luego por haber dicho mi sexualidad, pero luego de dos veranos todo se calmo, aunque no fue sencillo se puedo.

Tiempo después cumpliendo 16 se divulgó y lo sabía toda mi escuela, tuve muchos problemas, insultos, comentarios homofobos, burlas, publicaciones ofensivas en grupos de Facebook, y pérdida de "amistades", entre otras cosas y que nunca faltaba la chica que me dijera en el recreo "Lesbiana de mierda, das asco..." y demás.
Eso hizo que me construyera de a poco las cuatro paredes del famoso closet, sumando que mi familia en las cenas preguntaban siempre por "el novio" ya que jamás tuve uno y me sentía forzada a tenerlo por ellos, no decepcionarlos y que se sientan orgullosos de su única hija, única hermana, prima, nieta y sobrina. Y con eso terminé dejando que me encerraran todos en el closet y hacerme más difícil y larga la salida de él.

A los 17 me sucedieron cosas horribles de las cuales son muy personales y jamas hablo. Cosas que he escrito en mi blogg, pero nada claro. Que las recuerdo y duele tanto que lloro y por eso prefiero que siga igual de omitido.
Una vez charlando con mi hermano mayor me lo preguntó, se lo admití llorando un poco y guardó el secreto.
Para los 18 estando de novia con una chica, socialmente pública la relación, aún no se enteraba mi familia.
Otra vez mi madre me preguntó, con el mejor cariño y la sonrisa más sincera del mundo mientras hablábamos, y lo afirmé, ya tenía 18 años, había tenido dos novias y con esa tercera lo largué...
Y fueron las palabras que más me costaron pronunciar en mi vida a alguien.

"Sí, mamá, soy lesbiana, y llevo un mes de relación con una chica y realmente la quiero."

Rió y me dijo que ya sabía que lo era pero que bueno que al fin se lo contara. Sentí que me quité un enorme peso de encima...

Aunque por desgracia faltaba decírselo a mi padre, y no pude, sentía rechazo de antemano. Así que decidí mostrarles mi felicidad junto a otra mujer en mi Facebook a todos haha.
Funcionó, en una cena familiar, de parte de mi padre, con mis tíos hablábamos de mi relación con mi padre y la falta de conversación que teníamos, y me dijeron si una de las causas era porque me gustan las mujeres y me daba miedo decírselo, lo afirmé e inmediatamente me quebré a llanto y me abrazaron... Me dijeron que aún así me iban a querer todos y luego lo supo el resto de mi familia y me sentí libre.


La verdad que tuve suerte de que ellos me lo preguntaran y me haya sido más sencillo confesarlo.
Pero siempre cuesta. A mí llevó tener 18 años para poder admitirlo.
Y aunque casi nunca tocamos el tema, me aceptan como soy.

Y sinceramente, respeto lo que piense la sociedad, pero siempre me importó un carajo la opinión del desconocido. Me interesaba ser aceptada por mi familia nada más, y los amigos se quedan sólo los verdaderos y a esos serían a los que querría y así fue.

Es mi vida contra su opinión, es mi manera de ser contra su forma de pensar, y es mi felicidad contra sus prejuicios.
Mi amor contra su odio.
Y ya no dejaré que nadie me vuelva a construir paredes de un closet a mi alrededor jamás.
Así que vos tampoco dejes que te construyan un closet, luchá por lo que queres y por quién sos.
Amá y respeta, sólo eso...

Y gracias, gracias a todo aquel por quererme tal como soy, por quién soy y me gusta ser.

Se necesita fuerzas, mucha fuerza propia, apoyo de los seres queridos y ¡A la mierda la sociedad! y ¡Qué viva el amor y la felicidad en los ojos de quienes queremos!

domingo, 12 de enero de 2014

Sonríeme.~

De esas noches frescas, donde la bruma se pasea por las calles, me encontraba en mi habitación, me había levantado de la cama y estaba parada frente al espejo, no había terminado de cambiarme, seguía con el pantalón desabrochado y debía ponerme al menos algo arriba y no estar con el torso totalmente descubierto. Pero vino y me abrazo por la espalda y no dejó que me vistiera... Sus brazos cubrían, uno mis pechos, y el otro mi estómago sin intención alguna más que tenerme. Apoyó su pera en mi hombro derecho y respiro con suavidad en mi oído, volteé mi cara para verla y al mirar sus tiernos ojos sonreí un poco. Quitó su brazo de mi panza y acarició paulatinamente mi mejilla ruborizada.
 
       
-         Sos hermosa, amo tu sonrisa.- dijo y sonreí aún más.
Dirigió su rostro a mi espalda, besó delicadamente mi tatuaje y corroboro lo ya dicho.

          -        Realmente sos hermosa, y te amo...
Sentí unas cosquillas y un escalofrío que pasearon por todo mi cuerpo con sigilo. Me di media vuelta y me coloqué frente suyo y la besé con todo mi amor por ella.
         -        Te amo también.- respondí de dulce manera y feliz.
Sonrió únicamente como ella sabe hacerlo, de la forma más bella y perfecta en el mundo... Y me enamoré... de su sonrisa... sencillamente.~


jueves, 25 de julio de 2013

Sonrisas Puras.~ (:

Quisiera darte un regalo por cada sonrisa pura que has sacado en mí, de mi corazón, de mi alma, de mi ser...

¿Qué son las sonrisas puras? Así le llamo yo a las sonrisas que salen de lo más profundo de las personas, aquellas sonrisas que cuando las recuerdas, proceden a crear otras nuevas, y se mantienen para toda la vida.

He tenido muy pocas, hasta que apareciste tú, y me llenaste la vida de ellas.
Recordándolas, viviéndolas y presintiéndolas. Soy feliz, y tú me hacés feliz.

Gracias. 

Pensé todo ésto, mientras caminaba bajo la lluvia y conversaba contigo.
Te amo.~

lunes, 6 de mayo de 2013

Delicada esperanza.~♥

Tendida en el suelo, se la veía inconsciente y adolorida. En el entorno que se encontraba, además de oscuro y con aspecto lúcido, se podía percibir más de una sensación negativa. Pocas cosas había a su lado y apenas se veían. La luz tenue de la luna traspasaba los sucios y polvorientos cristales de las escasas ventanas de aquél sitio, mientras una brisa helada acarició su rostro paulatinamente hasta que logró despertarla.
Su cuerpo fatigado hizo lo posible para lograr ponerse de pie, asustada trato de forzar la vista e indagar su alrededor en busca de respuestas. Vio que en uno de los degradados muebles se hallaba una vela apenas usada, una pequeña caja de fósforos abierta y un papel arrugado con garabatos. Difícil era ver con claridad si decía algo en el. Tomó un fósforo que había fuera de la caja, cerro la misma y prendió la pequeña cerilla. Sujetó la vela con la otra mano y la acercó para encenderla. Al finalizar, agitó el palillo y lo lanzó al piso, mientras el escaso humo se dispersaba en la pobre área.

Los muros mohosos, manchados y agrietados, el suelo chillón de madera un tanto podrida y salida de lugar, provocaba que el caminar sea inseguro. La única puerta de la habitación estaba posada en el piso despedazada por doquier. Podía oír su propio latido, verlo a través del pulso, la flama de la vela iba al compás de la melodía que creaba su corazón. Cada paso que daba, modificaba su ritmo cardíaco, y a su vez a la pequeña llama. Pasó por arriba los trozos del portón y salió de aquél raro cuarto.
Infinitos corredores totalmente vestidos de negro, el silencio abrumador paseaba por sus oídos de manera invisible, pero aún estremecedor. Espantada pensó en su vida, su futuro, todo lo que ella conocía y creía real.

Eligió ir por el lado izquierdo, tratando de acertar con el medio correcto para poder salir de allí, de aquella putrefacta residencia, que todavía no tenía idea de cómo había aterrizado. Cada movimiento era dudoso y a pesar de poseer una fuente de luz, el color anaranjado en las paredes, como tal ocaso en el fin de una tarde ardiente, no era lo suficiente para sentirse protegida. Temía tropezarse o toparse con algo inesperado, algo que no supiera cómo manejar.
Mientras se adentraba en las profundidades desoladas, más pasillos aparecían y tenía que elegir, y lo hacía al azar o por una vaga intuición. Pero los resultados de algo bueno eran nulos, no comprendía absolutamente nada de lo que le estaba sucediendo. Gritó para comprobar si había alguien, aunque solo el eco le respondió, persistió varias veces hasta que su garganta no pudo más. Con los ojos nublados por las lagrimas, saladas como el inmenso océano, siguió en silencio su impreciso camino, establecido por la fuerza que la llevó hasta ahí. Se encontró de a poco con una gran cantidad de papeles esparcidos por todo el suelo. Algunos rotos, otros sanos y arrugados. Más adelantes, lapices quebrados, todos dañados, excepto uno y decidió tomarlo y guardarlo en uno de los bolsillos de su pantalón. Luego lapiceros, explotados, manchando el suelo de tinta azul, igual que el cielo mientas anochece, y unos cuadernos destrozados. Recogió hojas de uno, el más estable de todos y lo enrolló para que entrara en su otro bolsillo. No sabía por qué tanto útiles esparcidos, y maltratados. Pero por alguna razón quiso tomar algunos.

La zona cada vez más estrecha y deformada. La vela se iba consumiendo con el transcurso de las horas. Partes de la cera derretida caían, igual que el agua en las cataratas, sobre su mano. Le dolía, pero intentaba no otorgarle importancia alguna, ya que sin ella no tendría nada de iluminación.
El sonido de unos susurros, comenzaron a viajar a través del viento helado, chocando al final de los oídos e hizo que un escalofrío se paseara con ímpetu por su figura, de pies a cabeza. Con la sacudida la mecha casi se apaga, mientras el viento se convertía en una ráfaga bastante intensa, obligando a que pisara más duro y cubrir con su mano libre la pequeña llama con la vaga ilusión de que no se acabara.
Luchaba contra la espesa brisa, los temblores y sus latidos, todo hacía danzar a la pequeña fuente de energía. Cerró los ojos y se detuvo a pensar.

¿Qué estoy haciendo? ¿A dónde voy? y ¿Por qué?

Pero no obtuvo ninguna respuesta, se sentó en el húmedo y mohoso piso, como se sientan los indios, a su lado vertió un poco de la cera caliente en el suelo y colocó la vela allí mismo, se quitó las partes de cera que tenía en su mano, luego sacó el lápiz, las hojas y comenzó a escribir sin cesar todo lo que sentía, en lo que pensaba, de la vida y de las personas que le importaba. Y en su cabeza muchas canciones aparecían y las comenzaba a tararear, a silbar, a sentir.
Cada expresión, salía del corazón y era transportada a la hoja gracias a los útiles, luego comenzó a trazar garabatos hasta que tomaban forma de flores, animales, rasgos de ojos y más.
Las letras se mezclaba entre los dibujos. Se distrajo y empezó a ser más positiva, se dio cuenta que por lo menos aún seguía con vida, que lo estaba intentando y conservaba algo de energía para continuar.
La luz empezó a distorsionarse con suavidad, pero cada segundo que pasaba, su intensidad aumentaba y más brillante se volvía la luz. Miró la pequeña y vigorosa flama, estaba frenética, tambaleándose de un lado a otro, al igual que las hojas de los árboles cuando el viento las choca. Comenzó a sentirse una presencia bastante perversa, miró a su alrededor, pero nada. Dejó el lápiz a un lado, guardo sólo las hojas escritas en su bolsillo, quitó de la superficie la vela y se levantó para seguir caminando, aunque ya estaba muy cansada, hizo lo que pudo.

Los murmullos en la brisa, diciéndole que tenga cuidado, que no se rinda. Sonaban como las voces de las personas que quería, de quienes había anotado y pensado hasta hace unos minutos. Siguió las voces que le hablaban, lo mejor que pudo, pero aún así, algunas cosas las hacía a su modo y no cedía lugar a la terrible fatiga que la atormentaba, ni a la idea de fracasar, que la asustaba, tratando de ubicar el pasadizo que la saque de esa triste pesadilla. Pero la cera caliente, lo poco que quedaba de vela, el dolor físico y los sentimientos de miedo y augurio no ayudaban, aunque tampoco la detenían.
Ella seguía por los susurros, que creía que eran sus seres queridos y por ella. Esas eran sus únicas razones, sus únicas justificaciones para avanzar. La pequeña llama, cada vez era más débil, aunque todavía le quedaba tiempo para que se consumiera en totalidad. Era tenue, como el cielo, cuando el sol se va ocultando, para que saludemos a la luna. Hasta que pasaron otras horas y ya su cuerpo no podía, todo eso no fue lo suficiente. Comenzaba a tropezarse, a faltarle la energía, el aliento y los buenos pensamientos.
Decidió descansar, otra vez, en el suelo, apoyó su espalda en la mugrienta y degradante pared, con sus piernas estiradas a lo largo del pasillo podrido. Y descansó.
Descansó tanto que cuando quiso ponerse de pie, ya no pudo. Fue ahí donde se dio cuenta que ya no podía, y se rindió. Cerró los ojos y se tranquilizo, decidió que se quedaría allí, sentía que ya había gastado, anteriormente, muchas fuerzas, cuando despertó en aquél cuarto, ya estaba agotada desde entonces.
Su reflexión y su tranquilidad fue muy corta. Sintió otra vez esa helada y perturbante existencia. Abrió los ojos y preguntó:

- ¿Hola? ¿Hay alguien?-pero el eco contestaba de manera inquietante.
- ¿Hola?-volvió a decir, pero fue, casi, como para sí misma.
- Hola...-repitió igual, en voz baja.

Un rostro sin rasgo traspasó los muros en los que ella que se encontraba recostada, y en el oído le susurró:

- Adiós.-Y sopló el fuego de la vela, extinguiéndola. Se asustó y gritó con todo su ser y se puso en posición fetal, abrazando sus piernas con firmeza y ocultando su cara entre las rodillas. La poca energía vital que le quedaba, se fueron con los alaridos de terror, como se va el aire de sus pulmones. Terminó de desplomarse en el suelo, el humo subía, mientras una lagrima caía del rostro de la joven y las delicadas voces dejaron de escucharse, junto a los latidos que veíamos a través del pequeño fuego. Pero ya todo había finalizado para ella.


Hizo lo que pudo, pero aveces no basta y la vida nos gana. Sólo hay que saber perder. Perder todo menos la esperanza, eso es lo último que se olvida. Porque saber que lo intentaste hasta el final,
llena más que no haberlo hecho, quedarte mal y con la duda.
Pero siempre volver a intentar, fracasar o que te vaya mal en algo,
no significa que con todo va a ser así.




No dejar que las cosas de la vida te ganen en todo.
Caerse no importa, levantarse sí. 


"Tened siempre presente la debilidad humana: es de vuestra naturaleza caer y cometer faltas."
"Cometer un error y no corregirlo es otro error."~